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31/07/2026

POR QUÉ LA EXPORTACIÓN DE SOJA PODRÍA IMPULSAR LA ECONOMÍA EN EL SEGUNDO SEMESTRE Y AYUDAR AL BCRA A COMPRAR DÓLARES

Durante los meses restantes del año, la venta de soja, que hasta ahora se mantuvo postergada, podría contribuir al repunte de la actividad económica que busca el Gobierno y, a la vez, favorecería al Banco Central de la República Argentina (BCRA) en su objetivo de acumular reservas internacionales. No obstante, el ritmo de la comercialización dependerá de las decisiones de los productores, quienes evaluarán sus necesidades financieras, los rendimientos previstos, la evolución de los precios y las expectativas sobre posibles cambios en las retenciones.

Según un informe de la Fundación Mediterránea, al 15 de julio los productores vendieron con precio cerrado 58,2 millones de toneladas de soja, maíz y trigo de la campaña 2025/26. Este volumen superó en un 20% la mediana de las últimas 16 campañas a la misma altura del año y representó el cuarto registro más alto desde que existen datos. Este indicador resultó clave para medir la actividad económica generada a partir de la cosecha, ya que reflejó la mercadería que cambió de manos con precio pactado y quedó disponible para exportación o industrialización.

Sin embargo, el detalle por cultivo arrojó dos historias opuestas. El maíz alcanzó 25,5 millones de toneladas vendidas, un 62% por encima de su mediana histórica y el segundo mayor volumen registrado. El trigo sumó 18,2 millones de toneladas, un 41% más que la media y también el segundo mayor volumen de la serie, solo superado por el ciclo 2021/22. En contraste, la soja apenas registró 14,6 millones de toneladas vendidas, un 27% por debajo de la mediana y el tercer volumen más bajo en 16 años.

Cuando se compararon estos volúmenes con la producción estimada por cada ciclo, el panorama cambió. El maíz comercializó el 38% de su cosecha, cerca del 35% habitual. El trigo vendió un 65% frente al 76% histórico, once puntos menos. La soja, en cambio, alcanzó el 29,4% frente al 41,2% de la mediana: casi doce puntos de atraso y la segunda marca más baja desde 2010.

El reporte identificó dos explicaciones para el menor avance en la venta de soja: la capacidad financiera de los productores para postergar ventas y el rendimiento esperado de hacerlo. En el primer plano, la disponibilidad de liquidez resultó central. Muchos productores combinaron soja, maíz y trigo en sus esquemas y debieron afrontar compromisos como arrendamientos, insumos, servicios y financiamiento. Las buenas cosechas de cereales permitieron cubrir una mayor parte de sus necesidades de caja con ventas de maíz y trigo, lo que redujo la urgencia de desprenderse de la soja.

El segundo factor se asoció al rendimiento esperado de postergar la venta. La soja tributó un derecho de exportación del 24%, frente al 8,5% para el maíz y el 5,5% para el trigo. El Gobierno anunció en mayo y oficializó en junio un cronograma de reducción gradual: la alícuota de la soja disminuirá 0,25 puntos porcentuales (p.p.) cada mes durante 2027 y 0,5 p.p. por mes en 2028, hasta llegar al 21% a fines de 2027 y al 15% en diciembre de 2028.

A la señal tributaria hay que sumarle una curva de precios con pendiente moderadamente ascendente. Las referencias FOB de la Bolsa de Cereales se situaron en torno a USD 470 la tonelada para julio y USD 488 para diciembre de 2026, una diferencia cercana al 4 por ciento. Esta pendiente no reflejó solo una expectativa de revalorización, sino también el costo de mantener la mercadería hasta fin de año. Para los productores que contaron con capacidad propia de almacenaje y no enfrentaron necesidades inmediatas de liquidez, la opción de posponer ventas fue más atractiva.

Un tercer factor influyó en la estrategia de venta: el valor de opción que generó la posibilidad de nuevas modificaciones en los derechos de exportación. Pese a que la semana pasada en su participación en la Exposición Rural, el ministro de Economía, Luis Caputo, descartó nuevos anuncios de baja de retenciones para el campo en lo inmediato, si afirmó que en la medida en que la actividad crezca y el superávit fiscal sea mayor van a continuar con la baja de impuestos y el campo lidera entre los sectores.

Para la Fundación Mediterránea, la postergación de las ventas de soja no debe interpretarse como una conducta anómala ni como resistencia a comercializar. Se trató de una decisión intertemporal en la que el productor evaluó el precio neto disponible, las necesidades de caja, los costos de conservar el grano, la evolución esperada del mercado y la probabilidad de cambios tributarios. La experiencia reciente elevó el valor de mantener abierta esa opción. El informe sugirió que un esquema tributario estable, previsible y con reducciones permanentes contribuiría a reducir los incentivos a esperar medidas excepcionales.

Nueva oportunidad

Esta demora abrió una oportunidad significativa para lo que resta del año tanto para la actividad como para la compra de reservas. Según el ritmo que adopte la comercialización, las ventas del segundo semestre podrían generar entre USD 11.592 millones y USD 15.313 millones de ingreso bruto para los productores, y un valor potencial de exportación de entre USD 14.252 millones y 18.380 millones de dólares. Si el mercado pasa de un escenario de continuidad a uno de convergencia con el patrón histórico, se podrían comercializar 6,6 millones de toneladas adicionales, sumar USD 2.289 millones a los ingresos de los productores y generar casi USD 3.000 millones más de valor potencial de exportación.

La relevancia de esta oportunidad se magnifica en una economía que perdió impulso. Tras un fuerte rebote en marzo, la actividad, medida por el EMAE, retrocedió en abril y volvió a contraerse en mayo. Una aceleración de la comercialización —en particular de la soja— podría extender el impulso a otras actividades: movilizar transporte, acopio, industria y servicios, aumentar la liquidez en las regiones productivas y reforzar la oferta exportable.

A su vez, se comprobaría lo que Bausili afirmó meses atrás Atlantic Council sobre que el crecimiento de los sectores energético y minero podría generar un flujo de divisas más distribuido a lo largo del año, en contraste con el esquema tradicional concentrado en la temporada de cosecha del “trimestre de oro” entre abril y junio. El titular del Banco Central consideró que aún existe una percepción muy arraigada sobre la estacionalidad del mercado de cambios, debido a que durante décadas la dinámica estuvo marcada por el impacto estacional de la cosecha gruesa.

Fuente: Infobae